El porqué del inicio del fútbol en Inglaterra

Publicado originalmente en la revista Kaiser Football (11 de agosto de 2015)

 

Mientras los británicos revolucionaban los medios de producción industrial, casi en paralelo, revolucionaban –sin saber que lo hacían, ni en qué medida lo hacían– el mundo del deporte. Más precisamente, el del fútbol, que aún era uno, sino una multiplicidad de formatos, de expresiones.

Tampoco es que la revolución industrial fuese algo de lo que se hablara, algo claramente manifiesto. Al menos, no hasta mediados de los 1800 cuando comenzó a hacerse evidente el cambio operado. De hecho, Eric Hobsbawm (en el capítulo 2 –The industrial revolution– de su libro The Age of Revolution) escribió que no fue sino hasta 1840 cuando la gran corriente de literatura oficial y no oficial sobre los efectos de la Revolución Industrial comenzó a fluir. Precisamente, en una fecha no muy lejana –1848-, estudiantes de la universidad de Cambridge convocaron a miembros de otras casas de altos estudios para convenir un único reglamento (las llamadas Reglas de Cambridge) para el fútbol, o eso que andaba gestándose.
Pero, ¿fue esto una mera coincidencia –la toma de conciencia de una revolución productiva y social- y la normativa, revolucionaria, de un juego? O, puesto de otra manera, ¿es una coincidencia que el fútbol moderno naciera precisamente allí –y de manera contemporánea– donde se producía una revolución de los medios de producción?. No pocos trabajos académicos sugieren que no fue un producto de la casualidad este ayuntamiento de transformaciones.
En el presente artículo, a la manera de un primer acercamiento, nos centramos en los puntos de vista sobre el tema, de dos trabajos: uno, de Gabriel E. Fidler, de la Universidad Lee; y el otro, de William J. Baker, Profesor Emérito de Historia en la Universidad de Maine. Más adelante iremos ahondando en el tema, visitando otros trabajos que abordan el tema.

¿Condiciones propicias para el surgimiento del fútbol moderno?

Fidler, en su ensayo “The Industrial Revolution and the Development of Professional Football and Rugby in the United Kingdom, 1814-1901”, señalaba que la Revolución Industrial tuvo efectos de largo alcance que alcanzaron en toda la sociedad, y que cambiaron de forma dramática todo: desde la idea y los patrones de trabajo, hasta las ideas concernientes a la niñez, la educación, el transporte y la religión.

Futbol

En este sentido, el académico aseguraba que luego de un cuidadoso examen de los distintos aspectos culturales y una profunda mirada a la historia del fútbol, se hace evidente que la revolución industrial afectó profundamente a este deporte, contribuyendo, en primer lugar, con el crecimiento del deporte amateur y, a continuación, en su profesionalización.
Baker, en tanto, entrando más en el terreno del deporte, explicaba (‘The making of a working-class footbal culture in Victorian England’; Journal of Social History Vol. 13, No. 2 Invierno, 1979) que el viejo juego de patear, acarrear, taclear y golpear, se hizo más estilizado cuando los colegios “públicos” (en realidad, más allá de su denominación, privados) lo tomaron en posesión. Para 1850, las distintas versiones del juego caían dentro de dos tipos distinos: el juego de manejo con las manos y con tacles (con algo de pateo también), y el juego pateando (con algo de manejo de manos; y que prohibía los tacles). A pesar de intentos por llegar a una normativa común, los juegos resultaron ser irreconciliables. El resultado: en 1863 se creó la Football Association (FA), y en 1871, la Rugby Football Union.

Y así, mientras el juego estaba siendo transformado en las instituciones educativas de élite del país, varios factores, que en última instancia estaban destinados a facilitar una cultura popular del fútbol, estaban tomando forma. Uno de ellos, señalaba el profesor, fue básico: el crecimiento de las ciudades. Nos adentramos, de esta manera, en cómo, precisamente, injirió el cambio industrial en el surgimiento de una normativa deportiva y en su difusión social.

Aseguraba Fidler que el cambio de las perspectivas del siglo XIX que se tenían de la niñez y su lugar en las economías familiares, locales y nacionales, condujeron leyes de trabajo infantil más estrictas y a la demanda de educación gratuita para los niños de la clase trabajadora. La necesidad de prepararlos para la ocupación que no requería conocimiento de los clásicos significó que los reformadores contemplarían un currículum que enfatizara en las habilidades prácticas. Al mismo tiempo, las teorías pedagógicas que reconocieron la necesidad vital de la actividad física, explicaba Fidler, llevaron a que las actividades que una vez se habían considerado un privilegio sólo para los muy jóvenes, ahora fueran consideradas esenciales para los niños más grandes y para los jóvenes adultos. Para los niños, especialmente, esto se tradujo en la práctica de los aeróbicos y altamente energéticos juegos de fútbol.

 

El Acta de 1850 definía nuevos horarios de trabajo. Entre otros puntos, establecía:
· Niños y mujeres sólo podían trabajar de 6 a.m. a 6 p.m. en el verano; y de 7 a.m. a 7 p.m. en el invierno.
· Todo trabajo terminaría a las 2 p.m. del sábado.
· En resumen, los empleadores ya no eran quienes determinaban el horario laborarl, así como un descanso que se iniciaba, ahora, luego del mediodía del sábado.

 

Precisamente, Baker indicaba que hasta el último cuarto del siglo XIX, los trabajadores industriales no tenían ni tiempo ni energía para buscar actividades recreacionales. No fue, sino hasta mediados de siglo cuando las Actas Industriales (Factory Acts) limitaron los horarios de niños y mujeres en las industrias textiles, cuando las jornadas laborales de seis días para adultos comenzaron a acortarse. Para 1870, la mitad del sábado quedaba libre en el mayoría de las fábricas, minas y talleres, otorgando tiempo libre para el grueso de la población trabajadora.

El mismo año, el Parlamento aprobó una ley de educación, ordenando que una escuela debía estar al alcance de todos los niños ingleses. Mientras los colegiales ingleses aprendieron sus tres R (lecutra, escritura y aritmética – reading, writing, arithmetic), también aprendieron a jugar a juegos organizados. Al proveer de habilidades de lectura y escritura a los hijos de los obreros industriales, la ley de Educación de 1870 creó también una masa de público lector para la prensa deportiva, que floreció en las dos últimas décadas del siglo e, inadvertidamente, colocó un balón en las manos o los pies de cada escolar inglés.

“Para sus los participantes de la clase trabajadora, el fútbol significó mucho más que un trabajo. A diferencia que en la política, la educación superior y el comercio, que aún estaban reservadas para los nacidos en buenas familias o los adinerados, el fútbol ofreció una oportunidad de competir en igualdad de términos, de aumentar el sentido de sí mismos, de esforzarse por el triunfo heroico y, así, de alcanzar lo que un teórico social llama la ‘durabilidad orgánica’. Incluso en los juegos informalmente organizados, la habilidad atlética proporcionó el aplauso local; una carrera profesional exitosa aseguraba una espacio de mortalidad mítica primitiva en la estimación de la ‘tribu’, William J. Baker.

Además, Baker resaltaba que, si el fútbol fue una “función significante” para los participantes, fue aún más importante para los miles de espectadores que acudían a presenciar el partido. En el nivel más obvio, significó una escapada agradable y momentánea de la rutina del trabajo en las fábricas y de los confines del acinamiento en los barrios obreros. Incluso más que el antiguo Martes de Carnaval (Shorve Tuesday), los partidos de fútbol profesional proporcionaron un toque de color y emoción para una existencia, de otro modo, gris y monótona.

“… había algo más que alivio de la monotonía. Al acudir al estadio, los trabajadores… encontraron lo que Durkheim denomina ‘un nuevo tipo de vida psíquica’, una experiencia colectiva ‘cualitativamente diferente’ de la vida aislada de la casa o la fábrica. Los trabajadores de las zonas urbanas a finales del siglo XIX estaban aún, en gran medida, sólo separados por una generación, a lo sumo, de sus antiguas vidas como moradores de pueblos y trabajadores agrícolas. Apartados de los valores tradicionales de una familia extensa, de las caras conocidas, las tareas estacionales y de la iglesia parroquial; sufrieron alienación en la impersonalidad de la vida de la ciudad y la competencia industrial. Junto con los bares y salas de música, los partidos de fútbol de los sábado por la tarde hicieron posible un nuevo sentido de pertenencia, un ritual participación dentro de un grupo más grande simbolizado por coloridas bufandas, canciones de equipo y héroes populares”, William J. Baker.

No en vano, Hobsbawm definió al fútbol como “la religión laica de la clase trabajadora”.

 

© Marcelo Wio

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