Inter gravissimas

 

La tierra era el calendario; y éste, el territorio. Más allá, la fundación de las cosas y los mitos que advertían apocalipsis y desastres menores (mas, no por ello menos terribles para el bienestar de los interesados) para quien osara aventurar transgresiones liminares.

Ahora, la tierra ha perdido el gobierno de las fechas. El almanaque apenas si es un ordenamiento colgado de una pared marginal. Los orígenes han sido relegados a un estallido lejano y a su consecuencia de polvo y rotaciones y traslaciones. Los seres son la realidad y, de tanto en tanto, también los mitos.

 

© Marcelo Wio

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