
Retrasar la llegada. A donde sea. Deambular
tiempo entre eventos
que se postulan como definitivos: porque un horror nos ha transformado
en personalidad
o en narrativa propia
pero, sobre todo, de otras vidas
o como el ingrediente de una belleza huidiza: fotografía
de un instante que todos hemos sido
siempre: única sinceridad que alcanzamos
desembarazados de la región de la vitalidad: de las simulaciones
breves
triviales
insuficientes
Y uno retrasándose y a la vez
esperando
con un rictus antiguo y frío y con algo
de pretendida falsedad: la mirada que rebusca
auxilios y completitudes: mentiras desesperadas
por acolchar los temores con piadosos abrazos
estéticos
éticos
apologéticos
pura bruma y mistificaciones para aumentar
lo que pretenden disminuir: el trayecto sin distancia
entre dos momentos que ni siquiera.
© Marcelo Wio
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