Reflejo de humanidad

Maltrata el viento los descuidos,
las negligencias: una puerta
sin barniz, la pintura
descascarada de una pared, los sedimentos
estratificados de varios otoños y
ánimos.

Atraviesa el cielo empujado el pueblo
ordenando nubes sucias, henchidas
de una lluvia que siempre
es para otro lugar.

Las mujeres y los hombres, como
estatuas de sal y años, carcomidas
por la arenisca que las erige: Miran
una mirada turbia,
sin objeto, el horizonte
achaparrado, acostado sobre sí, de
meseta, tiempo, aridez e imposibilidad: Miran
como un reflejo atávico: alguna vez
una pregunta escudriñó una esperanza de respuesta
allí: en el foso de la mirada.

Y siguen, mujeres y hombres, repitiendo
el gesto involuntario, sin saber que allí
sólo puede yacer una evidencia terrible
que podría llevarlos a formular una pregunta
más. Y luego otra.

Mas, esas miradas, como de cataratas,
ya no pueden distinguir nada: a lo sumo
el leve temblor de luz glauca
que es el amanecer o el encandilamiento
de ciertos finales provisionales.

 

© Marcelo Wio

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