Petite mort

En el momento culminante, Marina se aferró a sí misma como si temiese caer en un abismo; asiéndose con una fuerza débil que sugería que deseaba precipitarse desmoronarse desplomarse hundirse en una sima infinita (lo que, por otro lado, aseguraba que no habría sopapo final, y que la caída, transcurrido cierto tiempo, sería normalidad, es decir, inmovilidad) para volver al principio, a ese cuerpo suyo, tan transido y transitado, tan untado de sí y de deseo sudor fugacidad dolorosa resurrección; tan con ganas de pararse al borde del precipicio otra vez y otra y otra; tan con deseo de desprenderse de sí para volver a encontrar la sustancia de su corporeidad rezagada en el envoltorio de sábanas y manos ansiadas asfixiadas alucinadas absortas agotadas de sostener el peso del mundo en un instante tan ínfimo.

© Marcelo Wio

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*