La pequeña indeterminación

Publicado originalmente en Ni más ni menos

 

“The term fuzzy logic is used in this paper to describe an imprecise logical system, FL, in which the truth-values are fuzzy subsets of the unit interval with linguistic labels such as true, false, not true, very true, quite true, not very true and not very false, etc. The truth-value set, ℐ, of FL is assumed to be generated by a context-free grammar, with a semantic rule providing a means of computing the meaning of each linguistic truth-value in ℐ as a fuzzy subset of [0, 1]”, L. A. Zadeh

 

Siempre fue, en lo difuso, evidente su condición. Una suerte de manchón indefinido, sin contornos que determinaran su figura – bien podría haber pasado por arbusto, escalera, bolsa de dormir o lo que fuese -. Una inexactitud geométrica que no ofrecía información topológica alguna: unas veces parecía ocupar más espacio que en otras; en algunas oportunidades, su escencialidad estaba desplazada (e invisible) de la continentalidad difuminada.

Ambriogino Bertoni fue un niño falto de cariño. No porque sus padres fuesen fríos y distantes, sino porque era realmente complicado dar con “la pequeña indeterminación”, como le decía su padre, en tono de broma, pero con ánimo de derrota. Ambriogino tampoco pudo desarrollar una autoestima cabal, completa, digamos: no sabía a quíen iba dirigida – más allá de la abstracción “yo”, que no había espejo que concretase (nunca conoció su rostro; algo que a veces lo contentaba: los padres no eran precisamente fondos genéticos de gran valor en el plano estético) -.

La soledad a la que Ambriogino “pequeña indeterminación” Bertoni parecía predestinado quedó cancelada cuando Cirino Lamborghinni, entrenador del equipo de fútbol local, vio el potencial – Cirino sabía más de vivezas, estrategias y motivaciones, que de fútbol en sí – de un chico como Ambrigino. El “nueve equívoco”, el “siete abstracto”, el “once impreciso”, recitaba estrategias posibles. Además (o sobre todo), a los defensores les cansaría la vista el esfuerzo inútil de tratar de “enfocarlo”.

Crinino no contaba con el hecho de que, encima, Ambriogino era un habilidoso fuera de serie. Podía verse la pelota ir y venir, como llevada por un tornado de baja intensidad, con suavidad y elegancia.

Comenzaron a ganar partidos con una facilidad y una contundencia que terminaron por llamar la atención de la federación local – Zanipolo Marchessini, dueño del café del pueblo, le había dicho, al terminar el tercer o cuarto partido ganado de esa guisa, que no convenía levantar la perdiz, que no abusara de “indeterminación”. Pero Cirino hizo como que no oía (lo cierto es que no escuchaba bien con el oído izquierdo).

La gente de la federación, presionada por algunos hacendados de un pueblo vecino, le buscaron la quinta pata al gato, y se la encontraron: sólo podían ser inscritos niños entre tales y cuales edades, etcétera. Niños. ¿Podía el pueblo demostrar que Ambriogino Bertino era un niño y no, por ejemplo, una niña? ¿Podía demostrar, siquiera, que era un humano, y no una de esas creaciones diabólicas que dicen que maquinan los japoneses – se llegó a mencionar, sin tener ni idea de qué significaba, la palabra “Hitachi”?

A Ambriogino no lo apenaba dejar el fútbol en sí, sino la posibilidad de algo parecido a una interacción social.

Después de aquello, el nombre de Ambriogino no se volvió a mentar, relegado a esas páginas meramente aproximadas de la historia no escrita a las que, de tanto en tanto, se vuelve en alguna reunión, en alguna charla; cuando falta tema, o sobra bebida.

Un colega me dijo que alguien, allá por los años 1940, en El Cairo, le refirió la historia de Ambriogino al matemático Lotfali Askar Zadeh, que iba de camino a Estados Unidos. Precisamente, el caso de Ambriogino lo condujo a proponer la “matemática difusa”, relacionada con otros conceptos “difusos”, como la “lógica difusa o borrosa”.

Este colega me mostró el artículo original, escrito a máquina, de Zadeh, de 1974, titulado “Fuzzy logic and its application to approximate reasoning” (“Lógica difusa y su aplicación en el razonamiento aproximado”). En la parte superior derecha, escrito a mano se leía:

 

A Ambriogino, ‘la pequeña indeterminación’

 

Lástima que en el texto publicado no incluyeran esa dedicatoria.

 

© Marcelo Wio

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