Julito

A Julio lo conocí en Rayuela. Ese hermoso universo que inventó. Y a mí, en ese momento, se me hacía que lo había inventado sólo para mí, como una partitura a partir de la cual yo podía improvisar vidas, cronopios, treguas. Recuerdo largas charlas con él, mientras Horacio y la Maga prolongaban sus silencios para que nosotros pudiésemos compartir, cigarrillos mediante, palabras e instantes.

Hace poco, leí por ahí que falleció hace 32 años. No puede ser: juro que cada vez que pongo un disco de jazz, él y yo hablamos horas largas, lanzamos humo al aire y le damos unas buenas trompadas al tiempo.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*