Excepción a la regla

 

Leía el periódico. En el café de siempre – invariable para él, claro está, que cada cual tiene sus constancias propias -. Pronunció la frase como obedeciendo a un arco reflejo. Luego no recordaría a cuento de qué. “Ya está, la excepción que confirma la regla”.

De pronto, se vio desprendido de la silla, sin violencia; flotando a unos diecisiete metros del suelo, el periódico aun en sus manos, como una suerte de precaria ilusión de anclaje.

“¿Eres ahora, acaso, la excepción que confirma el vigor de la legislación sobre la gravedad?”, dijo una voz grave, Severa, con acento inglés de Woolsthorpe. “A ver si pensamos antes de decir chambonadas”, agregó, y lo dejó descender suavemente hasta la silla. El café se había enfriado.

 

© Marcelo Wio

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