Estadísticas estrictas

 

Siéntese, Aquilino. ¿Un té, un café? ¿No? Bien, mejor. Así podemos ir al grano. No es un secreto que quiero hacer de esta República una nación del primer mundo. Para ello he tomado una serie de medidas imprescindibles, y puesto en marcha una serie de planes destinados a alcanzar tan elevado fin. He estudiado las políticas de los países más desarrollados, sobre todo de aquellos que se han sabido mantener en una posición de privilegio más allá de guerras mundiales, crisis globales y demás catástrofes y cataclismos históricos y económico-sociales y naturales. He leído el amplio material cientificista que explica dichos fenómenos. He analizado, estudiado y, a veces, incluso, he llegado a comprender (causa y razón de los planes ya mencionados).

Estos países han logrado ubicarse a la cabeza del desarrollo económico-político-social obedeciendo (y sometiéndose, claro está) a los valores medios de las estadísticas varias que determinan el devenir de la realidad de dichas naciones. Mire usted – tiró sobre la mesa, hacia el lado donde Aquilino estaba sentado, un par de carpetas con los siguientes rótulos: Exportaciones, Licenciados Universitarios, Producción Industrial, Capacidad Tecnológica.

Ahora bien, ayer leí unas ciertas estadísticas oficiales de Suiza, Suecia y Finlandia, que venía a indicar una concordancia categórica entre dichos países, y entre cada uno de ellos y su privilegiado bienestar económico y social. Estas nacinoes, querido Aquilino, tienen un cierto número de secuestros al año; de los cuales, un X% termina con la muerte del secuestrado; y un Y% con la víctima reintegrada a su vida habitual sin mayores percances (más allá de un leve Estocolmo y una propensión a acurrucarse en los rincones).

Pues bien. He revisado nuestros índices de secuestros – le pasó otra carpeta, haciéndola deslizar sobre la mesa -, y están muy por detrás de las cifras de los países que acabo de mencionarle. Así pues, Aquilino, será tarea suya poner estas cifras en orden, de manera casen con las estadísticas deseables. Le pido que no se exceda en sus funciones: con esto quiero decir, que no se entusiasme; esta es un labor puramente estadística, ni política ni ideológica. ¿Entendió? Cíñase a lo estadístico, a los números. Secuestre aleatroiamente, no se me ensañe con tal o cual grupo social o religioso. Y, sobre todo, no deje rastros que conduzcan directamente a este despacho, ni a ninguna otra dependencia oficial. ¿Comprendió? No asienta únicamente. Vocalice. Bien. Entonces, ahora mi secretario, Rovirossa, le dará los detalles. Puede retirarse.

 

© Marcelo Wio

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