El proceso

Entonces, Pérez, ¿qué tenemos?

Sólo indicios imprecisos, pero irrefutables…

¿Cuán imprecisos?

Me extraña, Giotti, eso no importa; la irrefutabilidad ya está decidida, canejo. Parece mentira, che, ni que fuera un novato al que todo hay que explicárselo…. Bendita la hora en que le dije “imprecisos”… Con usted no se puede confabular ni para organizar una fiesta de cumpleaños sorpresa, che.

No engrane. Esto no es una fiesta de cumpleaños, esto es un dictamen judicial.

¿Y usted cree que la justicia en este país tiene, a esta altura del partido, mucha diferencia con una festichola cualquiera?

Traiga la sentencia que la firmo.

Así está mejor… ¿De qué caso estamos hablando?

No lo sé. ¿Pero importa?

La verdad que no. Cada tanto hay que producir un inocente para que la gente siga creyendo en el circo.

Ahí está. Creo que la sentencia ha quedado francamente elegante. No es la versión más verosímil de los hechos, pero sí la más higiénica y literaria, por decirlo de alguna manera… digna.

Sobre todo teniendo en cuenta que el encausado era más culpable que un Judas.

Hemos realizado todo un ejercicio jurídico.

Una obra de arte del derecho.

Del más torcido de los derechos.

No me enchastre las ideas con moralidades…

Debilidades que uno tiene…

Vamos, le invito un whisky.

© Marcelo Wio

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