Carola II

A Carola no le gusta abrir los ojos en la oscuridad. La angustia terriblemente. Siente que los ojitos se le llenan de sombras confabuladoras. Cuando se despierta en mitad de la noche, enciende inmediatamente la luz – antes de soltar los párpados, que parecen tontos, piensa, tan dispuestos a traicionarla con rendijas y muestrarios de negruras – y observa cada rincón de su habitación como si fuese la primera vez (aunque una leve desesperación por reconocer, refuta esta comparación excesiva). Luego, ya más tranquila, cierra los ojos y apaga la lámpara. Con la luz que atrapó entre los ansiosos pestañeos, compone una tranquilidad que le permite jugar armando imágenes e historias hasta quedarse nuevamente dormida.

 

© Marcelo Wio

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