Adiós a todo

Adiós a todo. Todo el tiempo. Despedidas. Funerales, lutos, duelos. Es la vida: largo adiós sin epifanías. Adioses para huir hacia delante, para escaparle a uno mismo, que es la mortalidad tan presente: vulnerabilidad de las horas que carcomen la maquinaria y sus dignidades mínimas. Carne de olvido en tránsito entre dos desmemorias: la de la nada inicial; la de la nada final, definitiva.

Y este tren, metáfora de nada, alegoría aún de menos; intermediario entre adioses. Puro tiempo hinchándose de uno, alimentándose de las biografías y las horas bajas para ofrecer el mismo engaño de propósitos prestigios relevancias perspectivas mientras alimenta
fatuo
su imperio de cronologías
irrevocables
de la nada a la nada.

© Marcelo Wio

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