A guardar

 

A guardar las banderas y los gestos de hora grande
y vasta promesa; a recoger el estrado, sí, mas
dejando bien crecido el asentimiento amancebado con la utopía: bronca
que hinche el pecho y rellene cubra las miserias propias.

A retirar las voces de la arenga, que ya su inaugural propósito
aumenta en estatura y se mistifica con la crueldad de la aversión
a lo que queda fuera de su alcance expansión: todo
aquello que evidencia su prepotente vacuidad.

A guardarlo todo, que tarde o temprano hasta lo sólido se deshace
en el aire. Y entonces precipitan sus restos, pesados de deseos
de imposibles vehemencias. A guardarse mucho
para cuando confluyan las condiciones para tal disolución.

 

© Marcelo Wio

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*